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domingo, 25 de septiembre de 2011

Por Peñas Blancas y la "merendera montana" (Jumilla)











Domingo 25 de septiembre. Una mañanica fresqueta. No en vano hemos empezado la marcha en el punto inicio con una temperatura de 12º, ya típicamente otoñal. Pero a media mañana aun calentaba Lorenzo. Hemos hecho la misma ruta que relato en otra parte de este blog (enlace), que hicimos el 11 de enero de este mismo año. Por eso no pensaba hacer una entrada en el blog. Pero a media ruta, a Paco (Frachorramon), se ha puesto a recordar una flor muy bonica que ha visto en la subida, junto a la senda que cruza Peñas Blancas viniendo de Fuente Álamo y me ha dicho que si me iba con él a hacerle fotos, y allá que nos hemos ido Santi y yo a buscar la dichosa flor. La verdad es que ha valido la pena porque es una flor parecida a la rosa del azafrán como se pude ver en las fotos. Después en casa, me ha picado la curiosidad y me he puesto buscarla en las guías ya que no sabíamos el nombre. Y he aquí sus características:

“Merendera montana” o “quitameriendas”

En el tomo 8 de la Enciclopedia Divulgativa de la Historia Natural de Jumilla-Yecla, sobre “Plantas herbáceas” sale esta hierba con esta descripción:
“Hierba perenne de hasta 10 cm, glabra (en botánica, adjetivo usado para describir una característica morfológica como liso, brillante, no teniendo ningún pelo o cerdas o glauco), con pequeño bulbo ovalado. Hojas numerosas, ausentes en la floración, linear obtusas, de 4-6 cm de anchura, canaliculadas. Flores rosadas, grandes, solitarias o en pares, con 6 tépalos (es la parte floral de sépalo y el pétalo juntos) linear lanceolados, 6 estambres y 3 estilos. Frutos en cápsula oval. Pastizales en zonas abiertas. Se encuentra en la zona entre los 500 y los 1200 metros y florece entre agosto y octubre”.

Suele tener bastantes alcaloides en toda la planta por lo que mantiene alejados a los herbívoros, sobre todo en la época en la que no tiene flor. Su nombre vulgar, “quitameriendas”, hace referencia al cambio de tiempo que se produce durante su floración, cuando los días se acortan y en épocas pasadas era necesario adaptarse al medio ahorrando lo máximo posible. Al comienzo del otoño, al ser los días más cortos y llegar la noche antes, era aconsejable ahorrar una comida. De esta manera eliminaban la merienda ya que la hora de la cena se adelantaba.

No tiene nombre científico de origen latino, aunque está asociada al género “Cólchicum”. De hecho he visto una muy parecida en la guía “Plantas del Mediterráneo” (Editorial Blume) llamada “Cólchicum córsicum” pero un poco distinta a la que hemos visto hoy. Fue el el botánico francés de finales del XVIII Louis Ramond de Carbonnières quien en una de sus expediciones al Monte Perdido recogió el nombre vernáculo español “merendera” y lo utilizó como nombre del nuevo género Merendera Ramond (1801), donde incluyó la especie Merendera bulbocodium Ramond (1801), que es la misma que Linneo había llamado Colchicum montanum L.

miércoles, 19 de enero de 2011

POR LOS CENAJOS DE PEÑAS BLANCAS Y CERRAJOS

La primera ruta del año 2011 la ha hecho el grupo HINNENI el día 16 de enero por este bonito paraje jumillano, pero que dista de la localidad 25 kilómetros, siendo una de las partes del término que más lejos está del casco urbano. El día era espectacular, frío al principio ya que al llegar al punto de partida el termómetro del coche marcaba 0º, pero que en cuanto ha salido el sol y ha calentado un poco se han alcanzado loas 15º y las mangas cortas han empezado a aparecer. La luminosidad era muy buena.

Hemos accedido al inicio por la carretera de Jumilla-Ontur y desviándonos por la pista asfaltada que sale de esta carretera, a la derecha, al pasar el Rincón de la Matanza y que va por toda la Vereda Real.

Hemos empezado a andar cerca de la Casa del Cenajo, en la umbría de Peñas Blancas por el camino que va dirección a Garay. Un poco antes de llegar al colado hemos empezado a subir al primer monte y pronto hemos visto enfrente el Cenajo de Pañas Blancas por su parte sur. Hemos bajado por la umbría de este pequeño monte y enseguida hemos enfilado, monte a través, el monte, más grande, de Peñas Blancas para dirigirnos primero al Cenajo (960 metrso). Roque dice que también se llama Cenajo de la Peña Rulera ya que en una viña que hay enfrente se encuentra una gran roca circular que se desprendió de este Cenajo.

He intentado buscar el significado de la palabra “cenajo”, pero inexplicablemente no está en el diccionario de la RAE. He encontrado por otros sitios de Internet que “cenajo” se refiere a lugares en los que abundan refugios naturales u oquedades donde se pueden guarecer los pastores en caso de lluvia o tormenta y que suelen estar al pie de cantiles como este es el caso y como hemos podido comprobar al bajar por uno de ellos. Yo pienso que en esta zona, un cenajo es un gran cortado en la montaña, con paredes rocosas más o menos verticales a modo de acantilados o cantiles.

Bueno, estábamos en la Peña del Cenajo o Peña Rulera y hemos continuado por el borde de los cantiles buscando el valle que separa este cenajo del de los Cerrajos, justo enfrente y de una altura menor (956 metros) pero en el que se encuentra la madama de toda la zona montañosa. Tal vez sea porque dice Paco que la Peña Rulera se encuentra en propiedad privada. Desde la altura, la vista es espectacular alcanzando a ver Ontur, Fuente Álamo, Albatana y parajes del término como Cañada del Águila, Garay, Varahonda, Calderoncillo, Los Almendros…

Desde la madama hemos continuado buscando los cantiles y a la mitad de su largura hemos bajado por un barranquete muy bonito a la umbría, más o menos a la altura de dos casas majueleras que se veían perfectamente desde arriba y en medio de unos bancales abandonados.

Al pie del cantil hemos visto una oquedad o refugio en el que predomina la erosión diferencial produciendo pequeñas oquedades u hornacinas. Se trata de una roca con biocalcaneritas y predominio de molasa y arenisca más o menos compactada que facilita este tipo de erosión producida por el viento.

Estos roquedos y cantiles que con una longitud de 1,5 kilómetros y con una altura máxima de 60 metros, aunque la altura media es de 30-50 metros, son ocupados por numerosas aves rupícolas como búho real, lechuza común, halcón peregrino, chova piquirroja, grajilla, cuervo, avión roquero, roquero solitario, incluso una pareja de águilas que anida en estos acantilados.

Al piedemonte hemos encontrados algunos ejemplares de encina (Quercus rotundifolia) interesantes y de gran altura siendo esta zona del término de Jumilla la que mejor representa la asociación Quercetum-rotundifolia, si bien ya de una forma escasa y deteriorada por las labores agrícolas. La más espectacular es un grupo de encinas, que salen todas del mismo punto y que forman como un enorme ejemplar con unos veinte troncos.

Desde esta encina, seguimos hasta el camino y volvemos a la izquierda hasta los coches. La ruta ha durado cuatro horas menos cuarto, aunque los kilómetros no pasarán de 10.

En este enlace podéis ver otra ruta por la zona realizada en 2008 también por el grupo HINNENI y comentada en otra entrada de este blog.

domingo, 12 de octubre de 2008

Peñas Blancas-Calderoncillo

11 de octubre de 2008. Los meteorólogos decían que iba a llover mucho por esta zona, pero no ha caído ni gota, pero si que ha estado muy cubierto y amenazante, pero sin lluvia. La ruta seminocturna de cada mes del grupo HINNENI ha sido hoy por estos lares del norte del término municipal de Jumilla, a 25 kilómetros del pueblo. Le hemos dado la vuelta al Calderoncillo y Peñas Blancas. Hemos empezado casi pegados a la carretera de Fuente Álamo-Yecla, a unos cuatro o cinco kilómetros hacia Fuente Álamo desde el cruce que lleva a Jumilla. La ida la hemos hecho por el piedemonte de la umbría de Calderoncillo para subir a las Peñas Blancas. Primero hemos llegado al punto geodésico de Los Cerrajos con 956 metros sobre el nivel del mar.

Hemos podido ver los cantiles con gran desarrollo vertical de hasta 60 metros que dan hacía el norte, hacia Fuente Álamo. Asomados a estos acantilados hemos visto una pareja de águilas que viven en estas paredes y que parece ser que no se han visto afectadas por los cercanos parques eólicos. El tipo de roca permite la existencia de numerosas oquedades y hornacinas que favorece la presencia de avifauna rupícola, como las águilas que he mencionado, aunque también se pueden encontrar lechuza, halcón peregrino, grajas, cuervos, avión roquero… También había abundantes calderones, que ahora estaban llenos de agua por las recientes lluvias. Tal vez de aquí le venga el nombre de estos montes: “Calderoncillo”.

Después hemos bajado hasta el collado y hemos vuelto a subir al promontorio rocoso del Cenajo, donde está la máxima altura de toda la zona con 960 metros.

La bajada le hemos hecho por la solana que desciende suavemente hacia la llanura de la Cañada del Águila para coger el camino que nos saca a la pista que nos vuelve al punto de partida.

Como datos curiosos, Roque Martínez Abellán reseña en “Juncellus” estos datos históricos:
- De la época argárica datan los poblados fortificados de la Morra de Entrecenajos (Cerro Conejero) y el poblado del Cerro del Moro.
- En el siglo XVI, entre los años 1552 y 1562 se realizaron barias batidas contra los lobos que poblaban estos montes que dieron como resultado la muerte de 20 ejemplares.
- En 1690, para sufragar los gastos de los festejos de la patrona Nuestra Señora de la Asunción, se adjudica el aprovechamiento de la dehesa de Peñas Blancas, que era posesión de la cofradía desde 1670.
- En el siglo XX, desde 1936 hasta 1955 se realizaron varias talas en Peñas Blancas.

Bibliografía: Revista “Juncellus” nº 10, de diciembre de 1994.




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